Historias sin nombre


Cierra los ojos y la luz de esa piel clara se le enreda con destellos de la sensación de tocar y esa otra, que va desde la punta de los dedos hasta un lugar indefinido en el medio del pecho, que su mente define como ausencia, y que en la piel se siente como un dolor indefinidamente intenso.

Nunca amó tanto tocar como últimamente. Dejar que los dedos fluyan, libres; que se deslicen por la tibieza de un cuerpo que se pega al suyo como si fuera el único remedio a un dolor físico que nunca tuvo, de necesitar desesperadamente tocar una piel en específico en medio de tantas ausencias.

Piensa en nada y en todo a la vez. Es difícil no pensar, pero tal vez esos ratos son los únicos en los que su mente por fin se calla y solo es consciente de la piel que siente bajo sus dedos. De la suavidad de las manos que recorren la suya en el ensordecedor silencio de la tarde, encendiendo un infierno literal en todo su cuerpo, y se deja ir en la intensidad de sus respiraciones agitadas.

Se pregunta si alguna vez fue tan intenso antes, si alguna vez dejará de serlo. Si el sonido de esa voz apagada que murmura justo en su cuello, alguna vez dejará de tener ese efecto en su mente.

 A veces es tanto sucediendo al mismo tiempo que no sabe qué hacer con ella, con su cuerpo, con lo que está sintiendo, con él… que a veces le pregunta, y no sabe qué, o como se puede expresar algo de todo eso que le estalla en todas partes, al punto de sentirse abrumada y torpe.

A veces, solo a veces, cierra los ojos a todo lo que existe y se deja llevar, sin pensar si fue demasiado lejos, sin medir riesgos, sin cuidar el corazón, y la atraviesan sus destellos de ternura, o cierta tristeza contenida que se le escapa en los gestos, y en el evidente peso del mundo sobre sus hombros. otras es solo ese muro en el que ya aprendió a leer su forma de defenderse de sentir demasiado que obliga a cerrar los ojos, porque muchas más veces de lo que quisiera, él es un espejo de sus propios muros y manías.

se pregunta qué sucedería si alguna vez dejaran de contenerse por completo, apagaran todos los resguardos por más que unos instantes, si el tiempo dejara de correr realmente un par de días.

Le gustaría robarlo a veces, retenerlo en esa burbuja de las tardes un tiempo sin tiempos para acurrucarse un rato y dormir enredados. Tal vez hasta le gustaría despertarse en sus brazos alguna vez, pero es algo en lo que evita divagar conscientemente. tal vez porque en el fondo de las cosas sabe que un día la burbuja que habitan explotara, y cuando se esfume este juego que los consume y la revive de mil formas que jamás pensaba, se quedara con un montón de palabras medio de un vacío que anticipa en las tardes en que quisiera tantas cosas que no tiene sentido desear.

Cierra los ojos y calla, hablando de todo y nada a la vez, mientras la rutina de las tardes fluye en su cocina como un ritual.

Sonríe disfrutando del sabor que tienen sus labios, del silencio en el que se ahogan sus palabras hasta convertirse en sonidos sin sentido, de la infinita sensación de tocar… De sus latidos acelerados, de sentir que puede hacerla explotar de solo desearlo tanto.

Su mente se apaga en ese momento en que todo estalla y solo es consciente de ese repentino e infinito deseo de no tener que abrir los ojos.

23/04/18

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