Caer (de a ratos…)
Querías convencerme.
Yo necesitaba tiempo para mí.
Yo necesitaba tiempo para mí.
Querías que deseara, cualquier cosa.
Yo solo tenía que
inventarme ratos y vivir…
Vos sabías, ya desde
esas tardes sabías...
Que algo se me había filtrado detrás del muro que pongo siempre para todo.
Que yo te deseaba.
con miedo, con dudas, con la desconfianza alta de tantos años de decepción.
Tal vez solo buscabas en mis ojos sin saber...
y te delataron tus ojos sorprendidos con las chispas de un simple roce de la piel…
Me delató mi incapacidad de dejar de mirarte.
Nos atrapó esta extraña complicidad de roces,
un descaro descomunal de locura, anhelo y deseo.
Mi razón se confunde,
diluida en la euforia de esta locura de a ratos…
diluida en la euforia de esta locura de a ratos…
Te los ganaste todos, poco a poco, palabra por palabra.
te los robaste sumando los segundos, día a día.
Sacudiéndome escamas de coraza,
Sacudiéndome escamas de coraza,
Resquebrajando el miedo con el fuego de tus palabras, de tus miradas incendiarias.
Con tu forma extraña de mostrarme el corazón.
La transparencia de tus actos pone mi lógica de
cabeza.
Es difícil acostumbrarme a descifrarte.
Todo da vueltas demasiado rápido entre vos y yo.
De a ratos vivo, completamente despierta.
De a ratos me pesa esta sensación constante de enloquecer.
Me marean tus arranques seguidos de silencio.
Mi necesidad de vos que se vuelve eterna.
La culpa es de tu forma de volverme loca,
La culpa es de tu forma de volverme loca,
de provocarme hasta que salga a reclamar lo que deseo,
De la forma que tienen tus abrazos de envolverme,
y arrancar de en medio de nosotros cualquier rastro de ternura.
De ese modo salvaje que tiene nuestra forma de encontrarnos la piel.
Sin palabras, solo miradas y deseo.
Ordenes mudas, susurros que nadie acata,
en esa lucha de poderes y rendición mutua que es dejarse ser arrasado por el otro.
Soy espejo de tus manos, de tu boca y de tus besos brutos,
de la intensidad de tu demanda en todas partes,
hasta que se apagan el mundo y los relojes
hasta que se apagan el mundo y los relojes
y solo existimos vos y yo,
y no alcanza nada, ni siquiera el aire,
que apenas cabe entre tu ´piel y la mía.
No tiene lógica el reloj en esos ratos.
Ni el tiempo en la persistencia de este lazo.
Ni el tiempo en la persistencia de este lazo.
No hay palabras aunque es tan fuerte lo que fluye entre los dos…
Me da miedo este vacío de anhelarte tanto.
Que mi cuerpo de solo pensarte se convierta en un incendio.
Que si cierro los ojos hoy, o en una tarde de estas,
en alguno de esos ratos, por descuido te lleves mi corazón.
Tengo miedo de caer en la tristeza,
de querer que un sábado vengas a verme como hoy,
de pedirte que te quedes conmigo sin mirar el reloj…
de pedirte que te quedes conmigo sin mirar el reloj…
De entregarme sin resguardo en un ataque de besos lentos.
(Susana Buisson 17 de agosto de 2017)-


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