1. MIEDO
El problema era la transparencia con la que,
para ella, él dejaba su rastro todos los días.
Habría que ser muy poco
perspicaz para no notar la forma finalmente constante en que, de alguna manera, buscaba
saber algo de ella en algún momento del día.
Ella podría pecar de acosadora o egocéntrica cuando al leer aquellas pequeñas pero irrefutables pruebas, descubría esa
especie de necesidad no confesada.
Le gustaba fantasear que sucedía al final de una larga lucha interna para no ceder, así podía obviar los millones de detalles que componían la inconstante rutina que generalmente lo absorbía del mundo, manteniéndolo la mayor parte del tiempo muy lejos de la posibilidad de recordarla siquiera unos minutos.
Le gustaba fantasear que sucedía al final de una larga lucha interna para no ceder, así podía obviar los millones de detalles que componían la inconstante rutina que generalmente lo absorbía del mundo, manteniéndolo la mayor parte del tiempo muy lejos de la posibilidad de recordarla siquiera unos minutos.
A veces cuando lo pensaba, era posible si se dejaba
llevar por lo que veían sus ojos, y aceptaba que tal vez era cierto que detrás de
aquellos disparos a veces demasiado directos, él la estaba mirando, y no eran
solo palabras al azar...
A veces creía que tal vez, si alguna vez dejaba de balancearse dudosa sobre sus pies y daba el salto, él podría estar del otro lado del miedo para recibirla.
A veces creía que tal vez, si alguna vez dejaba de balancearse dudosa sobre sus pies y daba el salto, él podría estar del otro lado del miedo para recibirla.
Si lo único que hace algo imposible es el
miedo, tiene que confesar que últimamente reza todas las noches para se le contagie esa falta de miedo que parece impregnar cada uno
de sus actos.
Quisiera que su desparpajo le contagie esa temeridad. Dejarse inundar por esa forma casi indómita con que enfrenta las mañanas y la música.
Quisiera que su desparpajo le contagie esa temeridad. Dejarse inundar por esa forma casi indómita con que enfrenta las mañanas y la música.
Lo que no puede saber es por qué cada vez
que la ve, como si algo se paralizara en su interior, se detiene de lo que sea que podría suceder si concluyera todas las frases, y sus acciones quedan por la mitad...
Tal vez no es miedo, debe ser sentido común y ella lo distrae de tantas resoluciones... argumenta en silencio mientras lo observa, concentrado en las maniobras automáticas de conducir un viernes a las seis de la tarde en el caos de una ciudad que finaliza el día…
Concluye que tal vez como ella, finalmente se ha convencido de que si no puede evitarla del todo, no pierde nada adoptando esta cercanía extraña. De encuentros fugaces donde nunca hablan de esas otras conversaciones inconclusas, como si no existieran, y no existiera esa energía corriendo constante entre los dos.
Hasta que a los dos se le entorpecen un poco las palabras y se siente rara, porque ya no es el mismo que al principio, todo le parece contenido, extraño, aunque sus ojos siempre griten otras cosas que le inquietan el cuerpo.
Tal vez no es miedo, debe ser sentido común y ella lo distrae de tantas resoluciones... argumenta en silencio mientras lo observa, concentrado en las maniobras automáticas de conducir un viernes a las seis de la tarde en el caos de una ciudad que finaliza el día…
Concluye que tal vez como ella, finalmente se ha convencido de que si no puede evitarla del todo, no pierde nada adoptando esta cercanía extraña. De encuentros fugaces donde nunca hablan de esas otras conversaciones inconclusas, como si no existieran, y no existiera esa energía corriendo constante entre los dos.
Hasta que a los dos se le entorpecen un poco las palabras y se siente rara, porque ya no es el mismo que al principio, todo le parece contenido, extraño, aunque sus ojos siempre griten otras cosas que le inquietan el cuerpo.
Él es un misterio que con el paso del
tiempo ella ha descifrado lo suficiente como para desesperar.
El tiempo, lento y tirano, la esclaviza
a dar vueltas en una especie de danza llena de frases a medias que la obliga a escribir febrilmente ideas revueltas.
El enojo se cuela a veces en sus ojos
marrones. Sabe que o temprano lo odiará por completo por envolverla
en un juego con tantas incertidumbres.
Decreta que un día se alejará sin mirar atrás, que no se siente atrapada en algo que ya no sabe qué es, que debió prever antes...antes de empezar un juego del que ya no puede desprenderse.
Decreta que un día se alejará sin mirar atrás, que no se siente atrapada en algo que ya no sabe qué es, que debió prever antes...antes de empezar un juego del que ya no puede desprenderse.
Susana Buisson. (Abril de 2017)


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