Alguien dejó caer tu nombre entre mis manos esta tarde, y descubrí otra vez cuanto te quise.
Y aunque ya no duele ni lo siento,
encuentro que algo irrepetible sobrevive aun,
entrelazado en las palabras que alguna vez dejé que tus ojos vieran.
Alguien mencionó otra vez aquel brillo en tus ojos cuando me nombrabas:
como un destello exacto del verdadero amor...
y descubrí de nuevo cuánto fue lo ganado y lo perdido entre nosotros...
y lo inútil que me resultan todavía esos balances,
y las nociones de medidas en este ir y venir,
tan incierto, desvariado y sin sentido
que siempre tuvo nuestro camino.
Y no me importa.
Y no reniego,
Y te guardo.
Y aun sabiéndote el más caprichoso monumento al estar vivo:
baul interminable de contradicciones,
siempre tan complejo y tan extremo,
siempre tan profundo y tan intenso,
tan inquieto como este mar de fondo,
otra vez revuelto,
que despierta abruptamente cada vez que a mi corazón llega tu nombre,
o al tuyo mi recuerdo,
Te silencio.
Restándole la misma importancia que todas las veces al concepto de tiempo
en nuestros ya inexistentes encuentros.
Que ya no duelen,
Que ya no importan,
Que ya no crean ni deshacen.
De los que solo nos van quedando estas palabras,
tan atemporales y sin cuerpo,
tan ahogadas en la tinta indeleble del recuerdo.
Simples sobrevivientes. Inalcanzables,
Atrapadas para siempre en este viejo cuaderno azul, de hojas ya amarillas,
algunas aun vacías.
Palabras, tan fielmente atesoradas, ahora añejas, descoloridas,
a las que ya no les importa si tus ojos verdes vuelven a recorrerlas algún día.
Octubre de 2010.
Susana Buisson
Y aunque ya no duele ni lo siento,
encuentro que algo irrepetible sobrevive aun,
entrelazado en las palabras que alguna vez dejé que tus ojos vieran.
Alguien mencionó otra vez aquel brillo en tus ojos cuando me nombrabas:
como un destello exacto del verdadero amor...
y descubrí de nuevo cuánto fue lo ganado y lo perdido entre nosotros...
y lo inútil que me resultan todavía esos balances,
y las nociones de medidas en este ir y venir,
tan incierto, desvariado y sin sentido
que siempre tuvo nuestro camino.
Y no me importa.
Y no reniego,
Y te guardo.
Y aun sabiéndote el más caprichoso monumento al estar vivo:
baul interminable de contradicciones,
siempre tan complejo y tan extremo,
siempre tan profundo y tan intenso,
tan inquieto como este mar de fondo,
otra vez revuelto,
que despierta abruptamente cada vez que a mi corazón llega tu nombre,
o al tuyo mi recuerdo,
Te silencio.
Restándole la misma importancia que todas las veces al concepto de tiempo
en nuestros ya inexistentes encuentros.
Que ya no duelen,
Que ya no importan,
Que ya no crean ni deshacen.
De los que solo nos van quedando estas palabras,
tan atemporales y sin cuerpo,
tan ahogadas en la tinta indeleble del recuerdo.
Simples sobrevivientes. Inalcanzables,
Atrapadas para siempre en este viejo cuaderno azul, de hojas ya amarillas,
algunas aun vacías.
Palabras, tan fielmente atesoradas, ahora añejas, descoloridas,
a las que ya no les importa si tus ojos verdes vuelven a recorrerlas algún día.
Octubre de 2010.
Susana Buisson


Comentarios